miércoles, 16 de septiembre de 2009

Otro otoño más



Las famosas lluvias de otoño me llaman de nuevo. Llevo toda la tarde pensando en que hoy debía escribir, (tal vez no debiese haber escrito nunca).

Como otras veces, el frío y la humedad se hacen su hueco.

Con el frío llegará Tomás, quien está impacientando a su padre; y obligando a su madre a apuntalarlo con cojines mientras duerme.

Ahora el césped lo corta el futuro abuelo con un tractor nuevo, y yo sólo puedo ver un descampado inundado y con mierdas de perro (aunque siempre me puedo subir a "casa de mis padres").

Un verano pasado de puntillas, en el que me he dado cuenta que las vacaciones no están pensadas para una embarazada: muchas horas en el avión, se hinchan los pies; el parque acuático, no me saques de la sombrilla; Terra Mítica, ¿Tú te crees que yo puedo montar en algo así? Cuatro días en un hotel de playa han sido más que suficientes.

Hoy he embarrado mis pies por primera vez en muchos meses, he corrido desde el coche (coche que conduce Roberto porque el juez a mí no me deja) al portal de mi casa evitando la lluvia y he pensado en ir poniendo la colcha en la cama.

Ahora mismo habrá que ir poniendo la calefacción, ahora mismo habrá que preparar biberones y ahora mismo, lo estoy deseando.